Enderby

 Enderby


La vista desde la ventana tiene una mezcla de verdes y rosas. Se distingue el verde claro de los prados de ese otro más  oscuro  que forman los bosquecillos de enebros y  fresnos, y como contrapunto, complementando el espacio, tejados de teja rosa entre moles de granito rosáceo. La sensación es de calma. Una enorme paz parece dominarlo todo. Solo de cuando en cuando el murmullo del viento entre las hojas anima el paisaje en una tarde calurosa donde la  vida lo domina todo: la hierba, los insectos, los pájaros, las reses pastando en los cercados y los paisanos sesteando  en el interior de sus casas. Hace calor, muchos dormitan, otros ven  televisión, otros no hacen más que buscar algo que hacer, y otros se aburren; es la condición humana. Pues bien, en una de esa casa  con tejas viejas de color rosáceo  y rodeada de moles de granito rosa, él, Enderby, se encuentra analizando qué había sucedido  para que aquellos sueños se hubieran transformado en vanas  realidades. Está viviendo un momento  creado pero no planificado por él, no sabiendo si resignarse y mantenerse en esa situación o intentar dar un golpe de timón cambiando el curso de su vida. Parecía haber renunciado a todo, se estaba dejando morir lentamente, todo lo que tenia que hacer estaba hecho. Se vio de medico en medico cuidando su glucosa, su colesterol o su tensión  y pensando: “Esto es el principio del fin. Solo me queda esperar que los nietos lleguen  y que mis padres se marchen de este mundo para haber terminado mi misión“. No podía admitir la posibilidad, tan poco natural, de tener que dejar este mundo antes de que lo hicieran sus padres. ¿Quién cuidaría de ellos?,  se decía, olvidando que también tenia una hermana, Bárbara, la cual con toda seguridad, les podría proporcionar más y mejor ayuda de la que él jamás pudiera darles. En cambio, en otros momentos, se sentía tan joven como en sus mejores tiempos.  Verdaderamente, se  encontraba en un momento crítico de su existencia, la mayor parte del tiempo le invadía recuerdos de los hechos vividos que uno tras otro y sin  orden determinado, iban fantasmalmente  apareciendo por su mente. Era como una película que se proyectaba en su pensamiento y que analizaba hechos de su vida muy despacio recreándose en sus desenlaces, sin darse cuenta de que en algunos momentos mezclaba fantasías con realidades. Fantasías que tenían por objeto mitigar el dolor de los malos momentos, o hacer más dulces los buenos, pero siempre sin intención de cambiar nada de lo que pasó, sin intentar justificarlo, o hacerlo lo menos posible. Le hubiera gustado, y así lo pensaba, haberse encontrado con cada una de las personas que pasaron por su vida, para preguntarle por ella. “Su vida”.  ¿Eran felices? ¿Y si hubiera llamado a Alicia aquel día después de la fiesta en lugar de guardar para sí sus sentimientos? ¿Estarían juntos? Le hubiera encantado saber de ella. ¿Tendría hijos? Llegó a coger el teléfono para llamarla, pero se sintió ridículo después de tantos años. ¿Se acordaría de el? ¿Le gustaría también a ella revivir el pasado? Puede que ni siquiera recordara aquel tiempo de infancia.

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